Sortilegio, proviene de "se sortis" (suerte) y "legis" (lectura) el arte de leer las señales que aparentemente suceden antes de un evento, conocido no como el arte adivinatorio, sino como el arte de interpretar los sucesos futuros mediante las señales que actúan en el presente.
Asi en el concepto de sortilegio, pues, estarían incluidas todas las mancias. Entre ellas cabe destacar, por su relevancia social, la cartomancia o tarotismo —adivinación mediante el uso de naipes de juego u otros diseñados a tal efecto—; la quiromancia o lectura de la palma de la mano; la cafemancia o adivinación mediante la lectura de los posos del café u otras infusiones; y la cleromancia o adivinación mediante habas, huesecillos, conchas, etc. Otra práctica común consiste en la selección al azar de un pasaje de un libro e interpretar el resultado dependiendo de la pregunta. A esta práctica se le conoce como bibliomancia. La grafología en su aspecto no pericial, sino utilizada para practicar la adivinación sobre el carácter o personalidad del autor de un manuscrito, puede también considerarse una forma de sortilegio.
Algunas variantes del espiritismo actual, así como el juego de la Ouija, podrían considerarse una forma de piscomancia o nigromancia (adivinación invocando a los espíritus de los muertos). Cuando para la adivinación se invoca a espíritus malignos o demonios, entonces se denomina demonomancia.
Se han perdido, pero están bien documentadas, las prácticas de adivinación mediante el oráculo, la observación de los fenómenos atmosféricos (como la aeromancia)y el estudio de las entrañas de peces o aves e incluso de personas, tal como refiere Herodoto respecto de Menelao.
Algunas religiones, como la cristiana, prohíben específicamente a sus seguidores el uso de los sortilegios, si bien admiten como parte de su cuerpo de creencias la existencia de videntes de inspiración divina llamados profetas.
En general, las diversas culturas han practicado la adivinación o sortilegio mediante casi todos los métodos a su alcance, incluyendo los más mundanos y singulares. Para la práctica de las mancias, casi todos los grupos humanos han recurrido a personas revestidas de alguna cualidad de corte sacerdotal o de algún otro modo iniciática o especial ("poseer don", etc), desde los hechiceros neolíticos a nuestros modernos videntes telefónicos.
|